Habiendo apoyado la candidatura de Carlos Gaviria en las pasadas elecciones, seguimos respaldando el proyecto que él lidera. Por eso decidimos resuscitar este Blog, para seguir difundiendo los avances de la campaña y constuyendo este sueño!
Entrevista a Carlos Gaviria aparecida en la pagina de Ambientalistas en Accion
Uribe no es invencible
Hugo García Segura
Hace quince días, en Cali, el senador Carlos Gaviria Díaz postuló su nombre como precandidato a la Presidencia de la República, en representación de Alternativa Democrática, una coalición de movimientos independientes y minoritarios. El ex magistrado de la Corte Constitucional, reconocido por sus posiciones controvertidas en temas como la dosis personal o la despenalización de la eutanasia, se proyecta como un librepensador o para algunos un liberal clásico, aunque su propuesta política está definida como de izquierda. Estas son sus opiniones.
¿Candidatura o precandidatura?
Prefiero decir que precandidatura, porque lo que estamos haciendo es iniciando un proceso unitario. En estos momentos una candidatura podría abrir brechas y podría dar la impresión de que hay un compromiso irrevocable con un nombre, y ese no es el caso. Lo que ha hecho Alternativa Democrática es poner mi nombre a consideración de diferentes sectores políticos independientes del país, para que cuando surjan otros establezcamos reglas claras y podamos elegir un candidato único e incluso listas únicas a las corporaciones públicas. Es evidente que ante una propuesta como la de Álvaro Uribe es necesario oponer un bloque sólido de ciudadanos que busquen una alternativa realmente democrática para el país.
¿Y cuáles son los parámetros fundamentales de esa precandidatura?
En Colombia se dice que hay que consolidar la democracia y nosotros pensamos que la democracia, como tal, no existe. No puede haber democracia política cuando no hay democracia social, y ésta sólo se construye con base en una sociedad más equitativa.
¿La intención es atraer al Polo Democrático e incluso al Partido Liberal?
Digamos que queremos abrir un espacio amplio donde todos los sectores democráticos se sientan bien y en igualdad de circunstancias.
¿No es suicida salirle al ruedo a un Uribe tan arrollador como lo muestran las encuestas?
Pongo en tela de juicio esa apreciación. Uribe no es tan arrollador en estos momentos y dentro de año y medio lo será mucho menos, porque los resultados de su gestión son insatisfactorios. Para mí fue muy significativo que en los dos años de balance de su gobierno todos los analistas estuvieran de acuerdo en que su gran deuda con la gente es lo social. La gente ha empezado a exigir resultados y si éstos no se hacen tangibles o no se ven, empezará a desencantarse. Creo que eso lo han revelado ya las últimas encuestas, a pesar de que no hay mucha razón para creer que son ecuánimes. Creo que ha empezado a sentirse una seria erosión en el apoyo popular a Uribe.
Sin embargo, la gran bandera de la seguridad democrática se sigue enarbolando
Ese es el nombre eufemístico que Uribe le ha puesto a una política que en realidad es de seguridad nacional, porque si se confronta el estatuto antiterrorista que el Gobierno presentó, y que por fortuna fracasó en la Corte Constitucional, lo que hay es tratar de revivir el estatuto de seguridad que rigió durante la administración Turbay Ayala, y que resultó devastador en D.H. Él es un mago para utilizar eufemismos. Habla, por ejemplo, de la construcción de un Estado comunitario y a través de su propuesta lo que se advierte es el desmonte del Estado Social de Derecho y el endoso de la responsabilidad social al sector privado. Su modelo de Estado comunitario es que los particulares se proporcionen su misma seguridad y eso quedó claro cuando, el año pasado, la entonces ministra de Defensa Martha Lucía Ramírez dijo que el que quiera seguridad que la pague.
Con la inminente aprobación de la reelección, ¿quién le puede ganar a Uribe?
No pensemos en nombres. Lo que creo es que hay que plantear una propuesta clara y sólida en contrapunto de la propuesta de Uribe; un bloque fuerte de personas que se identifiquen con ella y naturalmente tratar de conquistar el apoyo popular. Creo que eso no es tan difícil, porque si desde ya empieza a asomarse el desencanto, en el tiempo que falta para las elecciones ello va a estar más acentuado. Además, Uribe ha mostrado que no es invencible. Su referendo fue derrotado cuando había dicho, a través del entonces ministro Fernando Londoño, que iba a sacar diez millones de votos.
Por cierto, usted ha puesto en tela de juicio la constitucionalidad de la reelección. ¿Cuáles son los argumentos?
La Corte Constitucional, cuando revisó la ley convocatoria al referendo, dijo que el constituyente delegado, que es el Congreso, no podía hacerlo todo. Puede cambiar normas constitucionales, pero no aquellas que le dan fisonomía al Estado. Uno se pregunta si es lo mismo un Estado donde al presidente y sus ministros se les prohíbe hacer política, que uno donde pueden hacerlo e incluso disponer de dineros oficiales para su campaña. A la Corte le toca definir si es un cambio significativo o no y es posible, en una demanda, que el Congreso, al aprobar el acto legislativo de la reelección, esté cambiando normas que no puede cambiar.
¿La reelección definitivamente adelantó la campaña electoral?
Claro, en este momento es difícil saber cuándo actúa Uribe como presidente y cuándo como candidato. En ocasiones me parece que él mismo se hace oposición, porque las propuestas que hace son aquellas que planteó hace tres años como candidato y que no ha cumplido como presidente.
¿Y la reelección del procurador Edgardo Maya puede considerarse un paso hacia la reelección de Uribe?
A mí no me gustan las reelecciones, independientemente de las personas. Reconozco que el doctor Maya ha hecho una buena gestión, pero me parece que le hubiera puesto un sello de lujo habiéndola terminado al vencimiento de su período.
Como defensor de la Constitución de 1991, ¿qué piensa del desmonte gradual que ha venido sufriendo?
Lo veo con preocupación y tristeza, porque es evidente el empeño del Gobierno, al que no le ha gustado nunca la Constitución del 91, en desmontar lo más significativo de ella. Un ejemplo claro fue el estatuto antiterrorista, con el que estábamos pasando de una Constitución donde se garantizan derechos a un régimen permanentemente restrictivo de las libertades. De hecho, cuando el Gobierno ha presentado reformas de fondo a la justicia, sus objetivos invariables son la Corte Constitucional y la tutela. ¿Por qué? La respuesta es muy clara: la Corte es una institución que ha tomado en serio su tarea de control y al gobernante no le gusta que lo controlen. La tutela, por su parte, es el símbolo del Estado Social de Derecho y se viene utilizando razonablemente para defender los derechos económicos, sociales y culturales. Eso le disgusta al Gobierno.
¿Esta situación podría ser una de las causas de los choques entre la Corte Constitucional y la Corte Suprema de Justicia y el Consejo de Estado?
Creo que esos choques se deben a que la Constituyente de 1991, cuando creó la Corte Constitucional, lo hizo con mucha cautela y respeto frente al Consejo de Estado y la Corte Suprema de Justicia, corporaciones con tradición y una merecida reputación. Sin embargo, esa Constituyente no dejó claro que cuando se crea un tribunal constitucional, éste tiene la última palabra precisamente en materia constitucional, sin que tengan que sentirse como subalternos de ella los demás organismos administradores de justicia.
Ante esos cuestionamientos, muchos califican como inoportunas las posiciones que asume el presidente de la Corte Constitucional, Jaime Araújo
Los magistrados deben ser cautelosos en sus declaraciones, pero creo también que no por estar en esos cargos tienen que perder sus derechos ciudadanos. En días pasados escuché unas declaraciones del doctor Araújo en la Comisión Primera del Senado, que fueron objeto de mucha censura y a mí me parece que tampoco era para tanto. Lo que dijo fue que no entendía cómo la seguridad era un único objetivo y al margen de ella quedaba la justicia, que debe ser también objetivo esencial del gobernante.
¿Cómo ve el proceso de negociación con las autodefensas?
No puedo dar un juicio responsable y creo que ningún colombiano puede hacerlo. No sabemos qué esté pasando en Santa Fe de Ralito, no sabemos qué se está negociando, ni los términos de los acuerdos, ni qué se está perdonando y qué no. Lo único claro es que a ese proceso le falta transparencia.
¿Y cuál es su posición frente al intercambio humanitario?
Es una necesidad atender la angustia, no sólo de esas personas privadas de la libertad, sino también el dolor de sus familiares.
¿A pesar de las exigencias de la guerrilla?
Alguien me dijo una vez que las personas que están interesadas en sacar adelante un acuerdo humanitario se encontraban en medio de dos terquedades iguales.
¿Qué piensa de la actual situación de D.H.?
Es lamentable, y mucho más la renuencia del Gobierno a observar las directrices que permanentemente le pone de presente el representante del Alto Comisionado de la ONU para los D.H. Desde Uribe para abajo siempre se molestan con esas observaciones y no hay que tener ojo de lince para alcanzar a percibir las violaciones permanentes de los D.H. en Colombia, no sólo por parte del Estado, sino por los grupos irregulares alzados en armas. Lo claro es que el primer responsable de la preservación de esos derechos es el Gobierno.
Planteada su precandidatura, ¿qué sigue ahora?
Es un proceso largo y esperemos que surjan otros nombres que compartan nuestra propuesta y en torno a ellos establecer reglas claras para elegir un candidato único.
¿Y obviamente usted aspira a ser ese candidato único?
Yo he prestado mi nombre para que juegue entre muchos otros y tenga la certeza de que no me sentiría desilusionado si el nombre elegido es otro.
En pocas palabras
Álvaro Leyva. Hay que reconocer que ha trabajado por la paz.
Horacio Serpa. Un hombre de gran tenacidad en la lucha política.
Alfonso Gómez Méndez. Un hombre ilustrado que tiene aspiraciones.
Sabas Pretelt de la Vega. Como dice la propaganda: está en el lugar equivocado.
Fernando Londoño. Alguien que nunca debió ocupar el cargo que ocupó.
Gustavo Petro. Un hombre valiente y bien informado de la realidad nacional.
Antonio Navarro. Un hombre muy inteligente y que tuvo el coraje de abandonar la lucha guerrillera para hacer política.
Las Farc. Posiblemente tuvieron propósitos políticos en sus comienzos y es posible que los mantengan, pero los están borrando con actos terroristas.
Las Auc. Grupos armados que justifican su existencia con el argumento de que el Estado no es capaz de enfrentar el problema de orden público, pero que cobraron su propia dinámica y en estos momentos pretenden otra cosa.
Álvaro Uribe. Un hombre tenaz, persistente y empecinado en sus propósitos. Lástima que esos propósitos que busca no sean los mejores